MSD

SECCION 16 > TRASTORNOS DEL SISTEMA INMUNITARIO
 
CAPITULO 170

Trasplante

Un trasplante es el traspaso de células, tejidos u órganos vivos de una persona (el donante) a otra (el receptor) o de una parte del cuerpo a otra (por ejemplo, los injertos de piel) con el fin de restaurar una función perdida.

El trasplante puede aportar un enorme beneficio a las personas afectadas de enfermedades que, de otro modo, serían incurables. Las transfusiones de sangre, que se realizan en millones de personas cada año, son el tipo de trasplante más común. El trasplante de otros órganos generalmente supone encontrar un donante compatible, así como aceptar los riesgos que implica someterse a una cirugía mayor, utilizar potentes fármacos inmunodepresores, afrontar un posible rechazo del órgano trasplantado y sobrellevar graves complicaciones o incluso la muerte. De todos modos, en los casos de personas cuyos órganos vitales (como el corazón, los pulmones, el hígado, los riñones o la médula ósea) dejan de funcionar correctamente y es imposible que recuperen su funcionamiento normal, el trasplante de un órgano sano puede ofrecerles la única posibilidad de sobrevivir.

Los tejidos u órganos donados pueden provenir de una persona viva o bien de alguien que acaba de morir. Es preferible contar con tejidos y órganos de un donante vivo, porque las posibilidades de que sean trasplantados con éxito son mayores. Sin embargo, órganos como el corazón, el hígado, los pulmones y los componentes del ojo (la córnea y el cristalino) sólo pueden provenir de alguien que haya muerto recientemente, por lo general debido a un accidente más que a una enfermedad.

Los donantes vivos suelen ser miembros de la familia del paciente. La médula ósea y los riñones son los órganos más donados por personas vivas. Como el cuerpo tiene dos riñones y puede funcionar bien sólo con uno, por lo general un miembro de la familia del paciente puede donar su riñón sin problema. También se han hecho trasplantes de porciones de hígado y tejido pulmonar provenientes de donantes vivos. Un órgano de un donante vivo es trasplantado minutos después de ser extirpado.

Las personas pueden indicar su deseo de donar órganos y, en algunos países, esta voluntad queda registrada en su permiso de conducir. Con el fin de que sea posible trasplantar un órgano sin demora, una base de datos computarizada busca información sobre las personas que necesitan un órgano en particular y su tipo de tejido (para poder comprobar su compatibilidad).

Algunos órganos sobreviven pocas horas fuera del cuerpo; otros pueden conservarse en frío durante varios días hasta que se realice el trasplante. En algunos casos varias personas pueden beneficiarse del trasplante de órganos procedentes de un solo cuerpo. Por ejemplo, teóricamente un donante podría aportar córneas para dos personas, riñones para otras dos, un hígado para un paciente, pulmones para dos, y un corazón para otra persona más.

Compatibilidad de los tejidos

Trasplantar tejidos y órganos de una persona a otra es un proceso complejo. El sistema inmunitario normalmente ataca y destruye el tejido extraño (un problema conocido como rechazo del injerto). El tejido donado debe tener la máxima afinidad posible con el del receptor para reducir la gravedad de un rechazo.

Para que los tejidos sean compatibles lo máximo posible, los médicos determinan el tipo de tejido tanto del donante como del receptor. Los antígenos (sustancias capaces de estimular una respuesta inmune) están presentes en la superficie de cada célula del cuerpo; cuando a una persona se le trasplanta un tejido, los antígenos de dicho tejido trasplantado alertan al organismo del receptor de que se trata de tejido extraño. Existen tres antígenos específicos en la superficie de los glóbulos rojos (los antígenos A, B, y Rh) que determinan si una transfusión de sangre será aceptada o rechazada. Es por este motivo por el que la sangre se divide en distintos tipos según estos tres antígenos. Otros tejidos contienen una gran variedad de antígenos, lo que posibilita una mejor compatibilidad. Un grupo de antígenos llamados antígenos leucocitarios humanos (HLA) es de máxima importancia cuando se trasplantan tejidos en lugar de glóbulos rojos. Cuanto mayor sea la compatibilidad de los antígenos HLA, más probabilidades existen de que el trasplante tenga éxito. Sin embargo, los expertos aún siguen discutiendo los beneficios que puede aportar este proceso, especialmente en los trasplantes de hígado.

Por lo general, antes de que se trasplante algún órgano, se examinan los tejidos del donante y del receptor para comprobar su tipo de HLA. En los gemelos idénticos, los antígenos HLA son exactamente los mismos. En los padres y en la mayoría de los hermanos, varios antígenos HLA son los mismos, pero otros difieren. Uno de cada cuatro pares de hermanos comparten antígenos HLA y son compatibles. En personas de familias diferentes, pocos antígenos HLA son iguales.

Supresión del sistema inmunitario

Aunque los antígenos HLA sean compatibles, los órganos trasplantados suelen ser rechazados a menos que se controle estrictamente el sistema inmunitario del receptor. El rechazo, cuando se produce, suele comenzar poco después del trasplante, pero puede manifestarse semanas o incluso meses más tarde. El rechazo puede ser leve y suprimido fácilmente, o bien puede ser intenso y desarrollarse a pesar del tratamiento. El rechazo no sólo puede destruir el tejido u órgano trasplantado, sino que también puede provocar fiebre, escalofríos, náuseas, fatiga y repentinos cambios en la presión arterial.

El descubrimiento de que ciertos fármacos pueden frenar (inhibir, suprimir) el sistema inmunitario ha aumentado en gran medida el índice de éxito de los trasplantes. Pero los fármacos inmunodepresores conllevan ciertos riesgos. Al mismo tiempo que frenan la reacción del sistema inmunitario ante el órgano trasplantado, también evitan que éste combata las infecciones y destruya otro material extraño.

La inhibición intensiva del sistema inmunitario suele ser necesaria sólo durante las primeras semanas después de un trasplante o cuando el órgano trasplantado parece estar sufriendo un rechazo. Después de ello se administran menores dosis de fármacos, que deben ser tomados de forma indefinida y generalmente suprimen suficientemente el sistema inmunitario como para controlar el rechazo.

Muchos tipos de fármacos pueden actuar como inmunodepresores. Con frecuencia se utilizan corticosteroides como la prednisona. Pueden ser administrados de forma intravenosa al comienzo, para luego continuar por vía oral tras la cirugía. La azatioprina ha sido durante mucho tiempo la base del tratamiento inmunodepresor, y otros fármacos, incluyendo el tacrolimus y (muy recientemente) el micofenolato de mofetilo, han sido aprobados para este propósito. La ciclosporina es otro inmunodepresor frecuentemente utilizado. Otros incluyen ciclofosfamida, utilizada principalmente en el trasplante de médula ósea, globulina antilinfocito y globulina antitimocito y anticuerpos monoclonales contra los linfocitos T.

Trasplante de riñón

Para las personas cuyos riñones han dejado de funcionar, el trasplante es una alternativa a la diálisis que les puede salvar la vida y que además se realiza con éxito en personas de todas las edades. Alrededor del 90 por ciento de los riñones provenientes de donantes vivos funciona bien un año después de ser trasplantados. Durante cada año siguiente, del 3 al 5 por ciento de esos riñones falla. En el caso de que se trasplanten riñones de una persona que acaba de morir, los resultados son igualmente buenos: entre el 85 y el 90 por ciento funciona después de 1 año, y entre el 5 y el 8 por ciento falla durante cada año sucesivo. Los riñones trasplantados a veces funcionan durante más de 30 años. Las personas con riñones trasplantados suelen llevar una vida normal y activa.

Trasplante renal
El riñón trasplantado se encuentra en la pelvis. Anastomosis con la arteria ilíaca, la vena ilíaca y la vejiga. Obsérvense los riñones pequeños, típicos de la insuficiencia renal crónica.

El trasplante es una cirugía mayor porque el riñón donado debe ser unido a los vasos sanguíneos y al tracto urinario del receptor. Más de dos tercios de todos los riñones son trasplantados tras la muerte del donante, generalmente una persona sana que ha muerto en un accidente. Los riñones son extirpados, enfriados y transportados rápidamente a un centro médico para trasplantarlos a una persona que tenga un tipo de tejido compatible y cuyo suero sanguíneo no contenga anticuerpos contra dicho tejido.

A pesar del uso de fármacos supresores del sistema inmunitario, suelen producirse uno o más episodios de rechazo poco después de la intervención quirúrgica. El rechazo puede suponer retención de líquidos y, en consecuencia, aumento de peso, fiebre, y dolor e inflamación en la zona en la que ha sido implantado el riñón. Los análisis de sangre pueden revelar que el funcionamiento renal está deteriorándose. Si los médicos no están seguros de que se esté produciendo un rechazo, pueden realizar una biopsia con aguja (obtener una pequeña porción de tejido renal con una aguja y examinarla al microscopio).

El rechazo generalmente puede ser revertido incrementando la dosis o el número de fármacos inmunodepresores. Si resulta imposible revertir el rechazo, el trasplante falla. El riñón rechazado puede permanecer implantado a menos que persista la fiebre, la zona sobre la cual se ha hecho el trasplante siga siendo dolorosa, aparezca sangre en la orina, o la presión arterial no baje. Cuando falla el trasplante, es necesario volver a comenzar la diálisis. Por lo general se puede hacer un segundo intento con otro riñón una vez que el paciente se ha recuperado del primero; las probabilidades de éxito son casi tan altas como las del primer trasplante.

La mayoría de los episodios de rechazo y otras complicaciones ocurren en un plazo de 3 a 4 meses después del trasplante. Después de eso, a menos que los fármacos inmunodepresores causen efectos adversos o bien se produzca una grave infección, el receptor sigue tomando fármacos inmunodepresores, porque dejar de hacerlo, incluso durante un plazo breve de tiempo, podría permitir que el cuerpo rechazase el nuevo riñón. Es raro que un rechazo se produzca tras varias semanas o meses. Si así sucede, la presión arterial del receptor puede elevarse, el funcionamiento renal se deteriora y el trasplante va fallando lentamente.

La incidencia de cánceres en los pacientes a los que se les ha trasplantado un riñón es de 10 a 15 veces más alta que en el resto de las personas. El riesgo de desarrollar cáncer del sistema linfático (linfoma) es alrededor de 30 veces más alto que el normal, probablemente porque el sistema inmunitario está inhibido.

Trasplante hepático
Obsérvense las suturas a nivel de la vena cava por encima del hígado y de la vena porta.

Trasplante de hígado

Mientras las personas con una enfermedad renal cuentan con la opción de la diálisis, no existe tratamiento similar para quienes padecen una enfermedad hepática grave. El trasplante de hígado es la única opción cuando este órgano deja de funcionar. Algunas personas que podrían haberse beneficiado de un trasplante de hígado mueren antes de que los médicos puedan contar con un hígado apropiado para ellas.

A pesar de que el índice de éxito del trasplante de hígado es algo menor que el de riñón, entre el 70 y el 80 por ciento de los receptores vive al menos un año. La mayoría de estas personas que sobrevive son receptores cuyo hígado ha sido destruido por enfermedades como la cirrosis biliar primaria, la hepatitis o el uso de una medicación tóxica para el hígado. El trasplante de hígado, como tratamiento para el cáncer de dicho órgano, rara vez da buenos resultados. El cáncer suele reaparecer en el hígado trasplantado o en otro sitio; menos del 20 por ciento de los receptores vive al menos un año.

Sorprendentemente, los trasplantes de hígado son rechazados menos intensamente que los trasplantes de otros órganos, como el riñón y el corazón. De todos modos, después de la intervención quirúrgica deben administrarse fármacos inmunodepresores. Si el receptor tiene el hígado agrandado, náuseas, dolor, fiebre, ictericia o los resultados de los análisis de sangre confirman un funcionamiento hepático anormal, el médico puede realizar una biopsia con aguja (que consiste en obtener una pequeña muestra de tejido del hígado con una aguja para examinarla al microscopio). Los resultados de la biopsia ayudan a determinar si el hígado está siendo rechazado y si debería aumentarse la dosis de fármacos inmunodepresores.

Trasplante de corazón

Aun cuando hace pocas décadas era impensable, ahora el trasplante de corazón es una realidad. Alrededor del 95 por ciento de los receptores de trasplantes de corazón logra realizar ejercicios físicos y llevar a cabo sus actividades diarias sustancialmente mejor que antes del trasplante. Más del 70 por ciento de los receptores de corazones trasplantados vuelve a trabajar.

El trasplante de corazón se reserva para las personas aquejadas de las enfermedades cardíacas más graves, que no pueden ser tratadas con fármacos ni otras formas de cirugía. En algunos centros médicos existen máquinas cardíacas mecánicas que pueden mantener con vida a los pacientes durante semanas o meses hasta que se encuentra un donante apropiado. Sin embargo, muchos de estos pacientes mueren mientras esperan.

Las personas con trasplante de corazón necesitan fármacos inmunodepresores después de la intervención quirúrgica. El rechazo del corazón suele provocar fiebre, debilidad y un latido cardíaco acelerado u otra clase de anomalía. El mal funcionamiento del corazón deriva en una baja presión arterial, hinchazón (edema) y acumulación de líquido en los pulmones. Un rechazo leve puede no causar ningún síntoma, pero un electrocardiograma (ECG) mostrará los cambios que se produzcan. Si los médicos sospechan que se está produciendo un rechazo, por lo general realizan una biopsia. En este procedimiento, un catéter con una minúscula cuchilla en un extremo se inserta en una vena del cuello y se llega al corazón, donde se toma una pequeña muestra de tejido cardíaco. A continuación, este tejido se examina al microscopio. Si los médicos encuentran evidencia de rechazo, modifican la dosis de los fármacos inmunodepresores.

Las infecciones causan casi la mitad de las muertes producidas tras un trasplante de corazón. Otra complicación es la arteriosclerosis (arterias obstruidas), que se produce en las arterias coronarias en aproximadamente una cuarta parte de los receptores de trasplantes de corazón.

Trasplante cardiopulmonar

El trasplante de pulmón ha mejorado considerablemente en los últimos años. Por lo general, se trasplanta un solo pulmón, pero en algunos casos se reemplazan los dos. Cuando una afección pulmonar también daña el corazón, en ocasiones el trasplante de pulmón se combina con el de corazón. Conseguir pulmones es realmente problemático, porque no es fácil conservar estos órganos para su trasplante. En consecuencia, el trasplante debe ser realizado lo antes posible una vez que se encuentra un pulmón.

Los trasplantes de pulmón pueden provenir de un donante vivo o de alguien que haya muerto recientemente. De un donante vivo no puede obtenerse más que un pulmón completo y, por lo general, sólo se dona un lóbulo. De una persona recientemente fallecida se pueden tomar los dos pulmones o bien el corazón y los pulmones.

Alrededor del 80 al 85 por ciento de las personas que reciben trasplantes de pulmón sobrevive al menos un año, y cerca del 70 por ciento vive cinco años. Varias complicaciones pueden amenazar la vida de los receptores de trasplantes de pulmón y de corazón y pulmón. El riesgo de infección es alto porque los pulmones están continuamente expuestos al aire, que no es estéril. Una de las complicaciones más comunes es una curación deficiente de la zona donde se une la vía respiratoria. En algunas personas que reciben trasplante de pulmón, las vías respiratorias quedan parcialmente obstruidas por tejido cicatricial, lo cual necesita tratamiento adicional.

El rechazo de un trasplante de pulmón puede ser difícil de detectar, evaluar y tratar. En más del 80 por ciento de los receptores, se producen algunas evidencias de rechazo alrededor de un mes después de la operación. El rechazo produce fiebre, ahogo y debilidad, ésta debido a una insuficiente cantidad de oxígeno en la sangre. Como en el caso de otros órganos trasplantados, el rechazo de un pulmón trasplantado puede ser controlado con un cambio en el tipo o en la dosis de los fármacos inmunodepresores utilizados. Una posterior complicación de un trasplante de pulmón es el cierre progresivo de las vías respiratorias menores, lo cual puede representar un rechazo gradual.

Trasplante de páncreas

El trasplante del páncreas se realiza sólo en determinadas personas diabéticas. A diferencia del trasplante de otros órganos, no se trata de un último recurso para salvar la vida del paciente sino que en realidad tiene la finalidad de evitar las complicaciones de la diabetes y, especialmente, de controlar el azúcar en la sangre de forma más efectiva que inyectando insulina varias veces al día. Varios estudios experimentales sugieren que el trasplante pancreático puede eliminar o retardar las complicaciones de la diabetes. De todos modos, el trasplante pancreático no es apropiado para la mayoría de los diabéticos; por lo general, se reserva para aquellas personas cuya concentración de azúcar en sangre es muy difícil de controlar y no han padecido complicaciones graves.

Más de la mitad de las personas sometidas a un trasplante pancreático a causa de su diabetes tienen posteriormente niveles normales de azúcar en sangre, por lo general sin utilizar insulina. Sin embargo, el receptor de un nuevo páncreas debe tomar fármacos inmunodepresores, que incrementan el riesgo de infección y otras complicaciones. En consecuencia, el riesgo de tomar insulina y no controlar bien la diabetes se cambia por el riesgo de suprimir el sistema inmunitario pero llevando un mejor control de la diabetes. Debido al riesgo que supone la inmunodepresión, la mayoría de los trasplantes pancreáticos ha sido realizada en personas diabéticas que también necesitaban un trasplante de riñón debido a una insuficiencia renal.

Los investigadores están planteando la posibilidad de trasplantar sólo las células pancreáticas que producen insulina (las células islote) en lugar de la totalidad del páncreas. Por el momento los resultados son alentadores, pero este procedimiento está aún en fase experimental.

Trasplante de médula ósea

El trasplante de médula ósea en principio fue utilizado como parte del tratamiento de la leucemia, de ciertos tipos de linfoma y de la anemia aplásica. A medida que mejoran las técnicas y los índices de éxito, el trasplante de médula ósea es cada vez más utilizado. Por ejemplo, algunas mujeres con cáncer de mama y los niños aquejados de ciertas enfermedades genéticas ahora reciben trasplantes de médula ósea. Cuando los enfermos de cáncer reciben quimioterapia o radiación, las células de la médula ósea que producen células normales pueden resultar destruidas junto con las cancerosas. Pero en algunos casos la médula ósea del paciente puede ser extraída y luego reinyectada una vez que el paciente haya recibido altas dosis de quimioterapia. De este modo, un enfermo de cáncer puede recibir dosis muy altas de radiación y quimioterapia que destruyan todas las células cancerosas.

Cuando se trasplanta médula ósea de un donante, el tipo de HLA del receptor debe ser compatible con el del donante, y, por ese motivo los mejores donantes son los familiares cercanos del paciente. El procedimiento del trasplante en sí mismo es simple. Por lo general mientras el donante se encuentra bajo anestesia general, un médico extrae médula ósea del hueso de la cadera con una jeringa y la prepara para trasplantarla. A continuación inyecta la médula en la vena del receptor. La médula ósea del donante migra para echar raíces en los huesos del receptor y las células comienzan a dividirse. Finalmente, si todo sale bien, la médula ósea del receptor queda completamente reemplazada.

De todos modos, se trata de un procedimiento arriesgado porque los glóbulos blancos del receptor han sido destruidos por la radiación y la quimioterapia. La médula ósea trasplantada tarda de dos a tres semanas en producir suficientes glóbulos blancos para brindar protección contra las infecciones. En consecuencia, el riesgo de sufrir una infección grave es más elevado durante ese período. Otro problema es que la nueva médula ósea puede producir células inmunológicamente activas que atacan las células del huésped (enfermedad del injerto contra el huésped). A pesar de todo, aunque se realice un trasplante de médula ósea, el cáncer puede recurrir.

Trasplante de otros órganos

Las personas que han sufrido quemaduras extensas u otra pérdida masiva de piel pueden recibir injertos de piel. El injerto de piel se realiza mejor si se toma piel sana de una parte del cuerpo y se injerta en otra. Cuando no es posible realizar este injerto, la piel de un donante, o incluso de animales (como los cerdos), puede proporcionar protección temporal hasta que crezca nueva piel que la reemplace. Así mismo, se está haciendo todo lo posible por incrementar la cantidad de piel disponible para injertar haciendo crecer pequeñas porciones de piel de la persona en un medio de cultivo para tejido.

A veces, a los niños se les trasplanta cartílago, generalmente para reparar defectos en las orejas o la nariz. El cartílago trasplantado rara vez es atacado por el sistema inmunitario del cuerpo. El injerto óseo generalmente consiste en tomar material óseo de una parte del cuerpo para reemplazar el que falta en otra. El hueso trasplantado de una persona a otra no sobrevive, pero estimula el crecimiento de hueso nuevo y actúa como un buen andamio que ayuda a sobrellevar y estabilizar los defectos hasta que pueda formarse una nueva masa ósea.

El trasplante del intestino delgado es experimental y puede llevarse a cabo en personas cuyo intestino haya sido destruido por una enfermedad o no funcione lo suficientemente bien como para que permita que vivan. La mayoría de estos trasplantes no han durado mucho tiempo, pero el índice de éxito es cada vez más elevado.


Copyright ©2005 Merck Sharp & Dohme de España, S.A.
Madrid, España. Todos los derechos reservados.