SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 13
Fármacos
sin prescripción médica
Los fármacos sin prescripción
médica son los productos accesibles sin receta médica.
Permiten aliviar muchos síntomas molestos y curar algunas enfermedades
de manera simple y sin los gastos de una consulta médica.
Sin embargo, la revolución
de la automedicación de los últimos veinte años,
fomentada por la disponibilidad de fármacos seguros y eficaces
de venta sin prescripción médica, requiere sentido común
y responsabilidad.
Reseña
histórica
Hace algún tiempo,
muchos fármacos eran accesibles sin prescripción médica.
Antes de que existieran los organismos oficiales competentes, casi todo
se podía introducir en un frasco y vender como un remedio seguro.
El alcohol, la cocaína, la marihuana y el opio eran algunos de
los productos que se vendían sin prescripción médica
y sin informar a los usuarios. En algunos países la promulgación
de leyes específicas otorgó una cierta autoridad al Estado
para emitir normas, pero no se determinaron pautas claras sobre qué
fármacos se podían vender con o sin prescripción
médica.
Por ello se enmendaron
leyes para resolver problemas de seguridad y clarificar la diferencia
entre fármacos con y sin prescripción médica. Los
fárma-cos con prescripción médica eran compuestos
que podían provocar dependencia, ser tóxicos o inseguros
para el uso excepto bajo control médico. Cualquier otra sustancia
se podía vender sin prescripción médica.
Según leyes
posteriores, los fármacos de venta sin prescripción médica
debían reunir los requisitos de seguridad y eficacia al mismo
tiempo. Sin embargo, lo que sí funciona para un paciente puede
no servir para otro. Además, cualquier fármaco puede causar
efectos adversos. Algunas personas se refieren a los efectos adversos
como efectos secundarios, pero este término no aclara que los
efectos adicionales sean, por lo general, indeseados. Sin un sistema
organizado que informe de los efectos adversos de los fármacos
de venta sin prescripción médica, los organismos oficiales
y los fabricantes de fármacos no disponen de medios para conocer
su frecuencia y gravedad.
Finalmente, en los
últimos años se ha producido un cambio importante: muchos
fármacos que se vendían con prescripción médica
han pasado a venderse sin receta.
Consideraciones
sobre la seguridad
La seguridad es la
preocupación principal de los organismos oficiales para determinar
si un fármaco accesible sólo con prescripción médica
puede pasar a venderse sin receta. Todos los fármacos tienen
beneficios y riesgos, es decir, se deben tolerar algunos riesgos si
se quieren obtener los beneficios de un fármaco. Sin embargo,
se debe definir un grado aceptable de riesgo.
La seguridad de un
fármaco de venta sin prescripción médica depende
de su uso adecuado. El uso apropiado lo determina con frecuencia el
propio consumidor, por lo que cabe un margen de error. Por ejemplo,
la mayoría de los dolores de cabeza no son peligrosos, pero en
casos excepcionales un dolor de cabeza puede ser una señal de
alarma que indique la presencia de un tumor o una hemorragia cerebral.
De la misma manera, lo que parece ser acidez de estómago podría
ser la alarma de un inminente infarto cardíaco. Por último,
debe emplearse el sentido común para determinar si un síntoma
o dolencia es leve o requiere atención médica.
Los fabricantes y los
organismos oficiales intentan compensar seguridad y eficacia, determinando
las dosis apropiadas de los fármacos que se venden sin receta.
Cuando se adquieren fármacos sin prescripción médica,
se deben leer y seguir las instrucciones con cuidado. Dado que el mismo
nombre comercial se puede aplicar a una fórmula de liberación
inmediata o a una fórmula de liberación controlada (liberación
lenta), se debe comprobar la etiqueta cada vez que se adquiere un producto.
No es seguro asumir que la dosis es la misma.
En los últimos
años se ha producido un aumento excesivo de marcas, por eso también
es importante controlar los componentes y no fiarse de los nombres comerciales
conocidos. Por ejemplo, se dispone de más de una docena de formulaciones
diferentes de un mismo nombre comercial con una gran variedad de componentes.
No todos los productos de un cierto antiácido contienen los mismos
componentes (algunos contienen óxidos de aluminio y magnesio,
otros contienen carbonato cálcico). Al seleccionar un producto,
se debe saber qué ingrediente es el más apropiado para
un problema específico.
Algunas personas experimentan efectos adversos
ocasionados por fármacos de venta sin receta, aunque los utilicen
de forma correcta. Por ejemplo, la anafilaxia, una reacción alérgica
grave y rara ocasionada por analgésicos como la aspirina, el
ketoprofeno, el naproxeno o el ibuprofeno, puede producir urticaria,
picores, problemas respiratorios y colapso cardiovascular. Estos fármacos
pueden también irritar el aparato digestivo y causar úlceras.
A menudo, las etiquetas
de los fármacos de venta sin prescripción médica
no facilitan la lista completa de las posibles reacciones adversas.
Debido a esto, se cree que estos fármacos presentan pocos o ningún
efecto adverso. Por ejemplo, el prospecto de un analgésico sólo
recomienda no tomar el fármaco durante más de 10 días.
La información de la caja, el envase y el prospecto que acompañan
al fármaco no describen los posibles efectos adversos graves
debidos al uso prolongado. Como consecuencia, las personas que sufren
dolor o inflamación crónica pueden tomar el fármaco
mucho tiempo sin tener en cuenta los problemas que pueden surgir.
Analgésicos
y antiinflamatorios
Los analgésicos
de venta sin prescripción médica como la aspirina, el
ibuprofeno, el ketoprofeno, el naproxeno y el paracetamol (acetaminofén)
son seguros si se administran durante períodos breves. Todos,
excepto el paracetamol, reducen también la inflamación
y están catalogados como fármacos antiinflamatorios no
esteroideos (AINE). Sus etiquetas aconsejan evitar su uso durante más
de 7 a 10 días. Se debe consultar al médico si los síntomas
empeoran o no desaparecen.
Aspirina
El analgésico
de venta sin prescripción médica más antiguo y
barato es la aspirina (ácido acetilsalicílico). La aspirina
y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos bloquean la
enzima cicloxigenasa, que es crucial para la creación de prostaglandinas.
Las prostaglandinas son sustancias similares a las hormonas que alteran
el diámetro de los vasos sanguíneos, elevan la temperatura
corporal como respuesta a la infección y desempeñan un
papel crucial en la coagulación de la sangre, además de
otros efectos. La liberación en el organismo de prostaglandinas
como respuesta a una lesión (quemadura, rotura, torcedura o distensión
muscular) produce inflamación, enrojecimiento e hinchazón.
Dad o que las prostaglandinas
desempeñan un papel protector del aparato digestivo contra el
ácido gástrico, tomar aspirina o un fármaco similar
puede causar trastornos gastrointestinales, úlceras y hemorragias.
Todos los fármacos antiinflamatorios no esteroideos, incluyendo
la aspirina, pueden causar acidez, indigestión y úlceras
pépticas.
Los compuestos tamponados
pueden disminuir los efectos directos irritantes de la aspirina. Estos
productos contienen un antiácido, que crea un medio alcalino
que intensifica la disolución de la aspirina y puede reducir
el tiempo durante el cual la aspirina está en contacto con el
estómago. Sin embargo, dado que el tampón no puede contrarrestar
la reducción de prostaglandinas, la aspirina puede irritar el
estómago.
La aspirina con envoltura
entérica se ha fabricado para pasar intacta a través del
estómago y disolverse en el intestino delgado, minimizando la
irritación directa. Sin embargo, la aspirina revestida de este
modo se absorbe irregularmente. Es probable que la ingestión
de alimentos demore el vaciado del estómago y, por lo tanto,
retrase la absorción de este tipo de aspirina y el alivio del
dolor.
Dado que la aspirina
puede interferir con la coagulación de la sangre, los pacientes
que la toman presentan un mayor riesgo de hemorragias. Las personas
que se lesionan con facilidad son especialmente vulnerables. Cualquier
paciente con procesos hemorrágicos o presión arterial
alta no controlada debe evitar la aspirina, excepto bajo control médico.
Si se usan simultáneamente aspirina y anticoagulantes (como la
warfarina) se puede provocar una hemorragia grave. Por lo general, la
aspirina no debe administrarse durante la semana previa a una intervención
quirúrgica.
La aspirina puede también
agravar el asma. Los pacientes que sufren de pólipos nasales
son propensos a desarrollar asma si toman aspirina. La alergia a la
aspirina puede producir erupciones cutáneas o dificultades graves
en la respiración. En dosis altas, la aspirina puede causar zumbidos
en los oídos.
Los niños y
adolescentes que tienen o pueden tener gripe o varicela no deben tomar
aspirina porque pueden desarrollar el síndrome de Reye. A pesar
de ser poco frecuente, el síndrome de Reye puede tener graves
consecuencias, incluso la muerte.
Ibuprofeno,
ketoprofeno y naproxeno
En algunos países,
el ibuprofeno ha sido reclasificado, pasando de fármaco con prescripción
médica a fármaco de venta libre, sin prescripción.
El ibuprofeno con prescripción médica se presenta en comprimidos
de 300, 400, 600 y 800 miligramos; el ibuprofeno sin prescripción
sólo está disponible en comprimidos de 200 miligramos.
El ketoprofeno también
ha sido aprobado como fármaco sin prescripción médica.
El ketoprofeno con prescripción se presenta en cápsulas
de 25, 50 y 75 miligramos y en cápsulas de liberación
prolongada de 100 miligramos. El ketoprofeno sin prescripción
médica sólo está disponible en presentación
de 25 miligramos.
El naproxeno también
fue aprobado como fármaco sin prescripción. El naproxeno
con prescripción médica se presenta en formulación
de 250, 375 y 500 miligramos. El naproxeno sin prescripción sólo
está disponible en formulación de 200 miligramos. La posología
y pauta de tratamiento para el naproxeno sin prescripción médica
recomienda que no se exceda la dosis de 3 grageas cada 24 horas, salvo
indicación médica. Los adultos mayores de 65 años
no deben tomar más de una gragea cada 12 horas, a menos que el
médico indique lo contrario.
Por lo general, se
cree que el ibuprofeno, el ketoprofeno y el naproxeno son más
suaves para el estómago que la aspirina, aunque pocos estudios
han comparado realmente estos fármacos. Al igual que la aspirina,
el ibuprofeno, el ketoprofeno y el naproxeno pueden causar indigestión,
náuseas, diarrea, acidez, dolor de estómago y úlceras.
Otros efectos adversos incluyen somnolencia, vértigo, zumbidos
en los oídos, trastornos visuales, retención de agua y
dificultades respiratorias. Aunque el ibuprofeno, el ketoprofeno y el
naproxeno no perjudican la coagulación de la sangre más
que la aspirina, no se deben combinar con anticoagulantes como la warfarina,
excepto bajo un estricto control médico. Así mismo, el
control médico es necesario antes de administrar ibuprofeno,
ketoprofeno o naproxeno a individuos con problemas renales o hepáticos,
insuficiencia cardíaca o presión arterial alta.
Algunos fármacos
prescritos para el corazón y la presión arterial no actúan
tan bien si se combinan con estos antiinflamatorios. Los individuos
que toman bebidas alcohólicas regularmente pueden tener mayor
riesgo de afección del estómago, úlceras y disfunción
hepática.
Los pacientes alérgicos
a la aspirina pueden también serlo al ibuprofeno, ketoprofeno
y naproxeno. Las erupciones cutáneas, picores, o dificultades
de respiración requieren atención médica inmediata.
Paracetamol
(acetaminofén)
Orig inariamente comercializado
para el dolor y la fiebre en los niños, el paracetamol se convirtió
en fármaco sin prescripción médica. El paracetamol
es más o menos comparable a la aspirina en su potencial analgésico
y acción antitérmica, pero tiene menor actividad antiinflamatoria
que la aspirina, el ibuprofeno, el ketoprofeno o el naproxeno. La vía
de acción del paracetamol todavía no se conoce con exactitud.
Nuevas investigaciones
sugieren que el paracetamol proporciona alivio con frecuencia contra
los dolores de la artrosis. En uno de los estudios, el paracetamol fue
tan eficaz como el ibuprofeno para aliviar los síntomas de artritis
en la rodilla. El paracetamol presenta pocos efectos adversos en el
estómago. Los pacientes que no toleran la aspirina, el ibuprofeno,
el ketoprofeno o el naproxeno, toleran con frecuencia el paracetamol.
La ausencia de complicaciones en el estómago ha llevado a algunos
a creer que el paracetamol no tiene efectos adversos. Sin embargo, si
se administra en dosis altas durante períodos prolongados se
pueden correr algunos riesgos, como por ejemplo trastornos renales.
El uso regular de otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos,
excepto la aspirina, puede aumentar también el riesgo de enfermedades
renales.
Una sobredosis de más
de 15 gramos de paracetamol puede producir una lesión hepática
irreversible. Dosis menores durante períodos prolongados de tiempo
no implican lesiones del hígado graves. Los consumidores de cantidades
importantes de alcohol presentan más riesgo de afecciones hepáticas
por el uso exagerado de paracetamol. El ayuno puede contribuir a la
lesión hepática. Se necesita una investigación
adicional, pero las observaciones hasta el momento sugieren que las
personas que toman paracetamol y dejan de comer por causa de un fuerte
resfriado o una gripe pueden presentar lesiones del hígado.
Muchos productos de
venta sin prescripción médica, como los remedios contra
alergias, resfriados, tos, gripe, dolor y sinusitis contienen paracetamol.
Se debe evitar el tomar simultáneamente varios fár-macos
que contengan paracetamol.
Remedios
para los resfriados
Se han identificado
más de 100 virus como responsables del resfriado común
y todavía no se dispone de un tratamiento curativo. La gente
gasta muchísimo dinero cada año tratando de aliviar los
síntomas del resfriado. Sin embargo, algunas autoridades mantienen
que si un individuo no toma nada el resfriado desaparece al cabo de
una semana y que al tomar un fármaco se siente mejor al cabo
de 7 días. Los niños son especialmente propensos a contraer
resfriados y a recibir medicación, a pesar de no haberse probado
la eficacia de estos fármacos para niños en edad preescolar.
Cada síntoma
del resfriado se debe tratar con un fármaco distinto. En realidad,
es difícil encontrar remedios para el resfriado con un solo componente.
La mayoría de los remedios contiene una variedad de fármacos
(antihistamínicos, descongestionantes, analgésicos, expectorantes
y calmantes para la tos) diseñados para tratar muchos síntomas.

Los calmantes para la tos, los expectorantes
o los analgésicos no alivian la sensación de nariz congestionada.
Si la tos es el problema, ¿por qué tomar un antihistamínico
o un descongestionante? Si el dolor de garganta es el único síntoma,
es probable que funcione un analgésico (paracetamol, aspirina,
ibuprofeno o naproxeno). Pueden ser útiles los comprimidos para
la garganta, especialmente aquellas con un anestésico local como
la diclonina o la benzocaína, o las gárgaras con agua
y sal (media cucharada de sal en 250 ml de agua tibia). Dar con el tratamiento
adecuado para cada síntoma en particular puede convertirse en
un desafío. Leer los prospectos o consultar al farmacéutico
puede resultar útil.
En ocasiones, un resfriado
o la tos pueden indicar una enfermedad más grave. Se debe consultar
al médico si los síntomas persisten más de una
semana, especialmente si hay dolor de pecho o si la tos produce esputos
oscuros. Es raro que la fiebre y el dolor aparezcan en el transcurso
de un resfriado común; su presencia puede indicar que se trata
de una gripe o de una infección bacteriana.
Antihistamínicos
Muchos expertos creen
que los antihistamínicos no se deben incluir en los remedios
contra el resfriado que se venden sin receta. El problema es que los
antihistamínicos pueden provocar somnolencia y debilidad. Por
ello, es peligroso conducir automóviles, manejar equipos pesados
y ocuparse de otras actividades que requieren un estado de alerta. Las
personas mayores son particularmente propensas a padecer los efectos
adversos de los antihistamínicos y pueden acusar síntomas
de visión borrosa, ligeros mareos, boca seca, dificultad para
orinar, estreñimiento y confusión. (· V. recuadro,
página 40) Los niños pueden experimentar ocasionalmente
insomnio o hiperactividad debido a los antihistamínicos. A pesar
de la difusión generalizada de los problemas que estos riesgos
conllevan, la mayor parte de los remedios contra el resfriado contienen
antihistamínicos. Una vez más, la lectura atenta de las
etiquetas o la solicitud del consejo del farmacéutico son muy
útiles.
Descongestionantes
Cuando los virus invaden
las membranas mucosas, especialmente en las fosas nasales, los vasos
sanguíneos se dilatan causando tumefacción. Los descongestionantes
constriñen los vasos para producir alivio. Los principios activos
de los descongestionantes orales incluyen la seudoefedrina, la fenilpropanolamina
y la fenilefrina. La fenilpropanolamina es también el componente
principal de muchos otros productos dietéticos que se venden
sin prescripción médica.
Los efectos adversos
de los descongestionantes pueden incluir nerviosismo, agitación,
palpitaciones e insomnio. Dado que estos fármacos se distribuyen
por el organismo, constriñen otros vasos sanguíneos (no
sólo los de las fosas nasales) y es posible que aumenten la presión
arterial. Por esta causa los hipertensos o los enfermos del corazón
sólo deben tomar descongestionantes bajo control médico.
Otras enfermedades que requieren control médico si se administran
descongestionantes son la diabetes, las afecciones cardíacas
y el hipertiroidismo.
Para evitar estas complicaciones
con frecuencia se usan pulverizadores nasales, que alivian los tejidos
nasales inflamados sin afectar otros órganos. Sin embargo, los
pulverizadores nasales actúan tan rápido y son tan eficaces
que muchos pacientes intentan usarlos más allá del límite
de 3 días indicado en la etiqueta. Esto puede conducir al círculo
vicioso de una congestión nasal por un efecto de rebote. Cuando
el efecto del fármaco desaparece, los capilares de las fosas
nasales se pueden expandir, causando congestión y sensación
de falta de aire. Esta sensación sería tan incómoda
que se volvería a usar el pulverizador. Este uso genera una dependencia
del fármaco que puede durar meses o años. A veces, interrumpir
la administración requiere la supervisión de un médico
especializado en enfermedades del oído, la nariz y la garganta.
Los pulverizadores
nasales de acción prolongada incluyen los fármacos oximetazolina
y xilometazolina, cuyo efecto dura hasta 12 horas. No deben usarse más
de 3 días.
Remedios
para la tos
La tos es un reflejo natural frente a la irritación
de los pulmones; libera a los pulmones del exceso de secreciones o mucosidad.
Si un individuo está congestionado pero puede expectorar, no
es aconsejable eliminar una tos tan productiva.
Es muy difícil
encontrar calmantes para la tos con un solo componente. Con frecuencia,
se agregan expectorantes a los remedios para la tos. Algunos expertos
opinan que la combinación de un fármaco que facilita la
expulsión de la flema con otro fármaco que suprima la
tos parece un contrasentido. Se supone que la guafenesina, un expectorante
que se encuentra en varios productos para la tos, ayuda a liberar las
secreciones pulmonares, facilitando la producción de esputo.
Sin embargo, el beneficio real del fármaco es difícil
de establecer.
La tos no productiva
o seca puede ser muy irritante, especialmente de noche; los calmantes
de la tos pueden aliviar y ayudar a conciliar el sueño. La codeína,
un calmante de la tos muy eficaz, puede ser útil de noche debido
a que tiene un leve efecto sedante. Dado que la codeína es un
narcótico, se teme que pueda causar adicción. En realidad,
la adicción es poco frecuente, pero en muchos países se
exige que la codeína se venda sólo con prescripción
médica y en otros se permite al farmacéutico vender medicinas
para la tos con codeína sólo si el cliente firma una solicitud.
La codeína
causa náuseas, vómitos y estreñimiento en algunas
personas. Dado que se pueden producir ligeros mareos, somnolencia o
vértigo, las medicinas para la tos que contengan codeína
no se deben administrar a personas que
tienen
que conducir un vehículo o desempeñar una tarea que requiera
concentración. La alergia a la codeína es poco común.
Los efectos adversos pueden aumentar si se toman depresores del sistema
nervioso central como el alcohol, sedantes, somníferos, antidepresivos
o antihistamínicos al mismo tiempo que la codeína. Por
lo tanto, estas combinaciones sólo se deben llevar a cabo bajo
control médico.
El dextrometorfano
es el ingrediente más frecuente en los remedios para la tos de
venta sin prescripción médica. Su eficacia para suprimir
la tos es más o menos comparable a la de la codeína. Los
efectos adversos son raros, aunque pueden presentarse trastornos del
estómago o somnolencia.
Fármacos
para adelgazar
Se cree que las medicinas
para adelgazar suprimen la sensación de hambre y son útiles
para seguir una dieta baja en calorías. Se han aprobado dos componentes
para este propósito: la fenilpropanolamina, que también
actúa como un descongestionante en muchos remedios para el resfriado
y la alergia, y la benzocaína, un anestésico local que
insensibiliza las papilas gustativas. La benzocaína se encuentra
principalmente en forma de goma de mascar, caramelos o los comprimidos
que se disuelven en la boca. Se administra antes de las comidas.
En un estudio, los
pacientes que seguían una dieta con la ayuda de la fenilpropanolamina
perdieron más peso que con un placebo de apariencia idéntica.
Sin embargo, la diferencia de peso perdido fue mínima (alrededor
de 2 kilos). La eficacia de la fenilpropanolamina sólo se ha
probado durante 3 o 4 meses aproximadamente. La fenilpropanolamina es
más útil cuando forma parte de un programa que incluye
ejercicio físico y cambios en los hábitos alimentarios.
La dosis de fenilpropanolamina
en fármacos para adelgazar es más alta que en los remedios
para el resfriado y la alergia. Pueden producirse efectos adversos como
nerviosismo, insomnio, vértigo, intranquilidad, dolor de cabeza
y náuseas si se toma una dosis superior a la recomendada. En
algunos casos se han experimentado efectos adversos con la dosis habitual.
Algunos individuos pueden también sentir inquietud o agitación
y experimentar alucinaciones pocas horas después de haber tomado
fenilpropanolamina.
El efecto adverso más
inquietante es un significativo aumento de la presión arterial.
Las dosis altas de fenilpropanolamina sola o en combinación con
otros fármacos, o su uso durante períodos prolongados,
pueden producir un accidente vascular cerebral u otras afecciones cardiovasculares
en personas propensas.
Debido a la posibilidad
de las interacciones entre fármacos, es importante el control
del médico o farmacéutico antes de tomar cualquier fármaco
que contenga fenilpropanolamina. Los prospectos advierten a los diabéticos,
a los que sufren de afecciones de la tiroides, de presión arterial
alta o de afecciones cardíacas, que no es recomendable tomar
fármacos para adelgazar sin control médico. Los inhibidores
de la monoaminooxidasa, fármacos que se prescriben para la depresión,
pueden tener una interacción con la fenilpropanolamina causando
un peligroso aumento de la presión arterial.
Antiácidos
y digestivos
La acidez, la indigestión
y el ardor de estómago son algunos de los términos usados
para describir las molestias gastrointestinales. El autodiagnóstico
de una indigestión es arriesgado porque las causas pueden ir
desde una imprudencia menor en la dieta a una úlcera péptica
o incluso un cáncer de estómago. A veces los síntomas
de una afección cardíaca se parecen a los de una indigestión
aguda. Aunque muchos individuos tratan la acidez por su cuenta, es mejor
acudir al médico si los síntomas se prolongan más
de 2 semanas.
El objetivo del tratamiento
es prevenir la producción de ácido del estómago
o neutralizarlo. Los bloqueadores de los receptores H2 para la histamina,
incluyendo la cimetidina, la famotidina, la nizatidina y la ranitidina,
reducen la cantidad de ácido producido en el estómago
y ayudan a prevenir el ardor. Los antiácidos son agentes neutralizadores
y actúan más rápidamente. A pesar de que los antiácidos
no pueden neutralizar completamente el pH extremadamente ácido
del estómago, sí pueden elevar el pH desde 2 (muy ácido)
hasta valores entre 3 y 4. Esto neutraliza casi el 99 por ciento del
ácido del estómago y alivia de forma significativa los
síntomas en la mayoría de las personas.
La mayor parte de los
productos antiácidos contienen uno o más de los cuatro
componentes principales: sales de aluminio, sales de magnesio, carbonato
cálcico y bicarbonato sódico. Todos los componentes actúan
en un minuto o menos, pero la duración de su efecto es variable.
Algunos productos alivian los síntomas durante 10 minutos aproximadamente,
mientras que otros son efectivos durante más de una hora y media.
Los bloqueadores histamínicos necesitan más tiempo para
actuar pero su efecto es más prolongado.
Los antiácidos
pueden tener interacciones con muchos y diferentes fármacos de
prescripción médica, por lo que se debe consultar a un
farmacéutico sobre las interacciones entre fármacos antes
de tomarlos. Toda persona con afecciones cardíacas, hipertensión
o problemas renales debe consultar al médico antes de tomar un
antiácido. La cimetidina también puede tener interacciones
con algunos fármacos de prescripción médica; por
lo tanto, su uso necesita ser controlado cuidadosamente por un médico
o un farmacéutico.

Aluminio
y magnesio
Los antiácidos
que contienen sales de aluminio y magnesio juntos pueden parecer ideales
porque cada componente complementa al otro. El hidróxido de aluminio
se disuelve lentamente en el estómago y comienza a actuar gradualmente
proporcionando un alivio prolongado. También causa estreñimiento.
Las sales de magnesio actúan rápido y neutralizan los
ácidos eficazmente, pero también pueden actuar como laxante.
Los antiácidos que contienen simultáneamente aluminio
y magnesio parecen ofrecer lo mejor de ambos elementos: alivio rápido
y prolongado con menor riesgo de diarrea o de estreñimiento.
Sin embargo, se ha
cuestionado la seguridad a largo plazo de los antiácidos que
contienen aluminio. El uso prolongado puede debilitar los huesos al
agotar el fósforo y el calcio del organismo.
Carbonato
cálcico
La creta (carbonato
cálcico) ha sido el principal antiácido durante mucho
tiempo. El carbonato cálcico actúa rápidamente
y neutraliza los ácidos durante un tiempo relativamente prolongado.
Otra ventaja es que representa una fuente económica de calcio.
Sin embargo, una persona puede llegar a sufrir una sobredosis de calcio.
La cantidad máxima diaria no debe exceder los 2 000 miligramos
a no ser que el médico aconseje lo contrario.
Bicarbonato
sódico
Uno de los antiácidos
más económicos y más accesibles no está
demasiado lejos de cualquier armario de cocina. El bicarbonato (bicarbonato
sódico) ha sido utilizado como neutralizante de la acidez durante
décadas. El eructo del bicarbonato sódico es causado por
la liberación del gas anhídrido carbónico.
El bicarbonato sódico
es una excelente solución a corto plazo para la indigestión.
Pero demasiado bicarbonato puede destruir el equilibrio ácido-base
del organismo causando una alcalosis metabólica. Su elevado contenido
en sodio también puede causar problemas a individuos con insuficiencia
cardíaca o con presión arterial alta.
Fármacos
contra el mareo
Los fármacos
usados para prevenir mareos son los antihistamínicos. Se prescriben
ocasionalmente pero también son accesibles como fármacos
de venta sin receta médica. Los fármacos contra el mareo
son más efectivos si se toman 30 o 60 minutos antes de un viaje.
Con frecuencia, los
fármacos contra el mareo causan somnolencia y falta de atención.
En efecto, la difenhidramina, uno de los fármacos contra el mareo,
es el principio activo de la mayor parte de los somníferos de
venta sin receta. No deben tomarse estos medicamentos si se debe conducir
un automóvil, una embarcación u otro vehículo,
o desempeñar una actividad que requiera una atención especial.
Los fármacos contra el mareo no deben tomarse junto con alcohol,
somníferos o tranquilizantes, dado que pueden causar efectos
adicionales inesperados. Los efectos adversos son más comunes
en las personas de edad avanzada.
Son menos frecuentes
otros efectos adversos como visión borrosa, confusión,
dolor de cabeza, dolor de estómago, estreñimiento, palpitaciones
o dificultad para orinar. En los bebés y los niños pequeños
pueden provocar estados de agitación, por lo que sólo
se utilizarán estos fármacos bajo control médico.
Una dosis demasiado alta en un niño pequeño puede causarle
alucinaciones e incluso convulsiones.
Los individuos con
glaucoma de ángulo cerrado, inflamación de la próstata
o estreñimiento, no deben tomar fármacos contra el mareo
sin recomendación médica.
Somníferos
Los somníferos
de venta sin receta médica sirven para tratar una noche en blanco
ocasional y no un insomnio crónico, indicativo de un problema
más grave. No es recomendable tomar somníferos de venta
sin receta durante más de una semana o 10 días.
Los antihistamínicos
difenhidramina y doxilamina son principios activos usados como somníferos
de venta sin prescripción. Estos fármacos producen somnolencia
o aturdimiento y pueden interferir la concentración o la coordinación.
Sin embargo, no todos los individuos reaccionan del mismo modo.
A veces las reacciones
son contrarias (una reacción paradójica) y en algunos
individuos la difenhidramina o la doxilamina produce nerviosismo, intranquilidad
y agitación. Aparentemente los niños pequeños y
las personas mayores con una lesión cerebral, tienen una mayor
propensión a presentar este tipo de reacciones. A veces, algunos
individuos también experimentan efectos adversos como boca seca,
estreñimiento, visión borrosa y zumbidos en los oídos.
Las personas de edad avanzada, las mujeres embarazadas y las que están
amamantando deben evitar estos fármacos, a menos que sea por
indicación médica. Las personas con glaucoma de ángulo
cerrado, angina de pecho, arritmias o inflamación de la próstata
deben consultar a un médico antes de usar un antihistamínico
para dormir o para cualquier otro motivo.
Precauciones
especiales
El sentido común
es un elemento fundamental para el cuidado de uno mismo. Ciertas personas
son más vulnerables que otras a la toxicidad potencial de los
fármacos. Las personas muy jóvenes, la gente mayor y los
muy enfermos deben tomar fármacos solamente bajo precauciones
extremas, incluyendo el control médico. Para evitar interacciones
peligrosas, es importante consultar al médico o al farmacéutico
antes de combinar fármacos prescritos con fármacos de
venta sin receta. Los fármacos de venta sin receta no están
diseñados para tratar enfermedades graves y pueden causar complicaciones.
Una reacción inesperada, como una erupción o insomnio,
debe servir como señal para dejar de tomar el fármaco
inmediatamente y solicitar el consejo de un médico.
Niños
El organismo de los
niños metaboliza los fármacos y reacciona a ellos de forma
diferente que el de los adultos. Un fármaco puede ser ampliamente
utilizado durante años antes de que se descubran las reacciones
adversas en niños. Por ejemplo, pasaron 5 años antes de
que los investigadores confirmaran que el riesgo del síndrome
de Reye estaba relacionado con el uso de la aspirina en niños
con varicela o gripe. Tanto los médicos como los padres, con
frecuencia se sorprenden de que la mayor parte de los fármacos
de venta sin receta, incluso los que se administran con dosificación
recomendada por pediatras, no han sido probados a fondo en los niños.
En particular, la eficacia de los remedios para la tos y el resfriado
no ha sido especialmente probada en los niños. Por esta razón,
el uso de estos fármacos representa una exposición innecesaria
de los niños a la toxicidad y además es un gasto inútil
de dinero. No siempre es fácil administrar a un niño la
dosis correcta de un fármaco. La edad no es el mejor criterio,
aunque las dosis para los niños se expresan con frecuencia en
términos de límites de edad (por ejemplo, niños
de edades comprendidas entre 2 y 6 años o 6 y 12 años).
La constitución
física de los niños puede variar enormemente dentro de
cualquier franja de edad y los expertos no se han puesto de acuerdo
sobre los mejores parámetros para determinar la dosis del fármaco:
el peso, la estatura o la superficie corporal. Una dosis recomendada
basándose en el peso del niño podría ser la más
fácil de interpretar y de administrar.
Cuando la etiqueta
no proporciona información acerca de la cantidad de fármaco
a administrar en niños, los padres no deben intentar adivinarla.
En caso de duda, es mejor consultar al farmacéutico o al médico.
Si se toman precauciones, el niño no tiene por qué recibir
un fármaco peligroso ni una dosis excesiva de un fármaco
potencialmente útil.
Muchos fármacos
para niños se suministran en forma líquida. A pesar de
que las etiquetas dan pautas claras sobre la dosis, a veces los adultos
encargados se equivocan porque usan una cuchara común. Las cucharas
de cocina no son adecuadas para medir cantidades de un fármaco
líquido. Una cuchara cilíndrica de medición es
mucho mejor, y es preferible utilizar una jeringa oral para depositar
una cantidad precisa de fármaco dentro de la boca de un bebé.
Antes de usar una jeringa oral siempre se debe retirar el tapón
de la punta. El niño se puede atragantar si el tapón se
empuja accidentalmente hacia el interior de la tráquea.Varios
fármacos para niños tienen más de una presentación.
Los adultos deben leer cuidadosamente los prospectos cada vez que administran
un nuevo fármaco a los niños.
Personas
de edad avanzada
El envejecimiento cambia
la velocidad y la forma en que el organismo reacciona a los fármacos.
Los cambios en el funcionamiento hepático y renal que ocurren
de manera natural con el envejecimiento pueden afectar al modo en que
los fármacos se metabolizan o eliminan. Las personas de edad
avanzada son más vulnerables que los jóvenes a los efectos
adversos y a las interacciones medicamentosas. Cada vez es más
frecuente que los prospectos de los fármacos de prescripción
médica especifiquen si la gente mayor requiere dosis diferentes,
pero es raro que tales advertencias se incluyan en las etiquetas de
los fármacos de venta sin receta médica.
Muchos fármacos
de venta sin receta son potencialmente perjudiciales para las personas
de edad avanzada. El riesgo aumenta cuando se toma regularmente la dosis
máxima del fármaco. Por ejemplo, una persona mayor que
sufre de artritis tiende a usar un fármaco analgésico
o antiinflamatorio con frecuencia y las consecuencias pueden ser graves.
Una úlcera hemorrágica es una complicación mortal
para una persona de edad avanzada y puede presentarse sin previo aviso.
Los antihistamínicos,
como la difenhidramina, también poseen riesgos especiales para
los mayores. Las fórmulas para aliviar el dolor durante la noche,
los somníferos y muchos remedios para la tos y el resfriado con
frecuencia contienen antihistamínicos. Además de la posibilidad
de empeorar el asma, el glaucoma de ángulo cerrado o la inflamación
de la próstata, los antihistamínicos pueden producir aturdimiento
o inestabilidad, lo cual comporta el riesgo de caídas y fractura
de huesos. A veces los antihistamínicos pueden causar confusión
o delirio en personas mayores, particularmente a dosis elevadas o en
combinación con otros fármacos.La gente mayor es más
propensa a los posibles efectos adversos de los fármacos administrados
para trastornos del aparato digestivo. Los antiácidos que contienen
aluminio son más dados a causar estreñimiento, mientras
que los antiácidos basados en magnesio conllevan diarrea y deshidratación.
Incluso la ingestión de vitamina C puede causar trastornos del
estómago o diarrea en estas personas.
Durante las consultas
al médico, las personas de edad avanzada deben informar sobre
cualquier producto de venta sin receta que estén tomando, incluyendo
vitaminas y minerales. Esta información ayuda al médico
a evaluar el régimen completo de fármacos y determinar
si los fármacos de venta sin receta son responsables de ciertos
síntomas.
Interacciones
entre fármacos
Muchos pacientes no
informan a su médico o farmacéutico sobre los fármacos
de venta sin prescripción que están tomando. Los fármacos
tomados de manera intermitente, como los que se dan para el resfriado,
el estreñimiento o el dolor de cabeza ocasional, se mencionan
aún con menor frecuencia. Los médicos o farmacéuticos
pueden olvidarse de preguntar sobre los fármacos de venta sin
receta cuando prescriben o despachan los medicamentos. Existen muchos
productos de venta sin receta que pueden interactuar adversamente con
una amplia gama de fármacos.
Algunas de estas interacciones
pueden ser graves. Por ejemplo, algo tan pequeño como una aspirina
puede reducir la eficacia del enalapril en el tratamiento de insuficiencia
cardíaca grave. Esto también puede ocurrir con otros inhibidores
de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA).
La ingestión
de aspirina con el anticoagulante warfarina puede aumentar el riesgo
de hemorragia. Los enfermos del corazón pueden no darse cuenta
de que tomando un antiácido que contiene aluminio o magnesio
se puede reducir la absorción de digoxina. Además la ingestión
de suplementos de vitaminas y de minerales puede interferir con la acción
de algunos fármacos de prescripción. El antibiótico
tetraciclina tiende a ser ineficaz si se toma al tiempo con calcio,
magnesio o hierro.
No se ha dedicado ninguna
investigación sistemática a las interacciones de los fármacos
de venta sin prescripción. Muchos problemas graves se han descubierto
accidentalmente después de recibir informes de reacciones adversas
o de muerte. Aunque algunos fármacos de venta sin receta tienen
advertencias en el prospecto, el lenguaje usado es ininteligible para
la mayoría de los consumidores. Por ejemplo, en algunos fármacos
para adelgazar y remedios para el resfriado que contienen fenilpropanolamina,
se advierte acerca del riesgo de usar estos productos simultáneamente
con un inhibidor de la monoaminooxidasa (para la depresión) o
hasta incluso 2 semanas después de la interrupción de
este tratamiento. Esta advertencia tan importante no es de ninguna utilidad
para aquellos pacientes, y hay muchos, que no son conscientes de que
el antidepresivo que están tomando es un inhibidor de la monoaminooxidasa.
La mejor manera de
reducir el riesgo de las interacciones medicamentosas es pedir al farmacéutico
que controle las incompatibilidades. Además, se debe informar
al médico sobre todos los fármacos que se estén
tomando, los que necesitan prescripción médica y los de
venta sin receta. (· V. recuadro, página 41)
Superposición
de fármacos
Otro problema potencial
es la superposición de fármacos. Si no se leen los prospectos
de todos los fármacos que se toman, existe el riesgo de sobredosis
accidental.
Por ejemplo, si al
mismo tiempo se toma un fármaco para adelgazar y un remedio para
el resfriado que contengan ambos fenilpropanolamina, se puede ingerir
el doble de la dosis que se considera segura. El paracetamol (acetaminofén)
se encuentra normalmente en los fármacos para la sinusitis. Cuando
se toma simultáneamente un fármaco para la sinusitis y
paracetamol para aliviar un dolor de cabeza, se puede exceder la dosis
recomendada.
Enfermedades
crónicas
Algunas enfermedades
crónicas pueden empeorar si se toma un fármaco de venta
libre de manera inadecuada. Los antihistamínicos, que se encuentran
en los somníferos de venta sin prescripción, en los fármacos
para la alergia y en los remedios para la tos, el resfriado o la gripe,
no deben ser ingeridos por alguien que padece asma, enfisema, o procesos
pulmonares crónicos, a menos que lo indique el médico.
Tomar un antihistamínico puede también complicar el glaucoma
y el aumento del tamaño de la próstata.
Los individuos con
presión arterial alta, enfermedades del corazón, diabetes,
hipertiroidismo o un aumento del tamaño de la próstata
deben consultar a un médico o farmacéutico antes de tomar
descongestionantes o antihistamínicos, ya que sus efectos adversos
pueden ser peligrosos.
Si se padece una enfermedad
grave a cualquier edad, se debe consultar a un médico o farmacéutico
antes de adquirir fármacos de venta sin prescripción.
Por ejemplo, es necesario aconsejar a los diabéticos sobre un
jarabe para la tos que no contenga azúcar.
Los pacientes alcohólicos
que participan en un programa de desintoxicación deben evitar
los medicamentos para el resfriado que contengan alcohol; algunos contienen
hasta un 25 por ciento de alcohol. Los enfermos del corazón,
en el caso de que necesiten tratar un resfriado o una simple molestia
del estómago, pueden necesitar consejo para elegir productos
que no tengan interacción con los fármacos prescritos
por su médico.
Los fármacos de venta sin receta están
destinados principalmente a un uso ocasional por individuos básicamente
sanos. Debido a ello, los enfermos crónicos o cualquiera que
tenga la intención de tomar un fármaco a diario deben
consultar antes al médico, porque tal uso excede los límites
normales de la automedicación y requiere el asesoramiento de
un experto.